Nota sobre el Tapiz de la Creación,
un símbolo de la Cosmogonía




Hablaremos brevemente de una de las joyas del “Tesoro de la Catedral” de Girona, subrayando algunos aspectos de su rico simbolismo. Nos referimos al Tapiz de la Creación, donde en primer lugar vemos destacados dos círculos concéntricos. El más central contiene en su interior a Cristo Pantocrátor, que simboliza al Ser universal o Gran Arquitecto. En ese círculo aparece escrita en su interior la frase "Fiat lux (Hágase la Luz) y la Luz se hizo". En efecto, como decíamos anteriormente, es gracias a su Palabra o Verbo generador del Gran Arquitecto que el Mundo cobra realidad, pasando de las "tinieblas que cubrían la faz del abismo" al orden cósmico, que comienza entonces a desarrollarse a partir del caos precósmico. Como acontece en los relatos cosmogónicos de todas las culturas tradicionales desde la más arcaica antigüedad, esa creación acontece en el tiempo mítico, anterior al tiempo sucesivo y propiamente cronológico. "En el Principio crea Dios los Cielos y la Tierra" (frase que aparece escrita en el interior del círculo más grande), es decir en el Origen todas las cosas reposan en el perfecto equilibrio de su Unidad.


Pero la propia designación de Cielo y Tierra nos indica que en la estructura cósmica existen dos grandes planos, de los cuales uno es el reflejo del otro, y que simbólicamente se designan como las “aguas superiores” y las “aguas inferiores”. Refiriéndose a esto, en el Génesis se dice lo siguiente: “E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento”. (*)


Pues bien, en el Tapiz esos dos planos se destacan de forma muy clara a partir de la línea horizontal que se encuentra en medio del círculo grande, en cuya parte superior aparecen distintas escenas de la creación prototípica, relatada en los primeros versículos del Génesis. En la parte de arriba vemos el ave que simboliza el Verbo divino incubando el “huevo del mundo”, aludiendo así a la frase: “el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas”, generando a continuación la vibración sonora del “Fiat Lux”. A uno y otro lado del ave, aparecen dos ángeles: en el de la izquierda se encuentra la frase “las tinieblas cubrían la faz del abismo”, y en el de la derecha sólo la palabra “Luz”. Todo ello ejemplifica claramente esa separación de "las tinieblas de la luz” imprescindible en todo proceso creador, así sea el de la creación del mundo o del ser humano en su proceso de regeneración espiritual y alquímica, donde necesita imperiosamente y como requisito ineludible “separar lo espeso de lo sutil”, o "lo profano de lo sagrado”, para en un proceso ulterior y bajo la influencia de una nueva luz volver a “reunir lo que está disperso”. Prosiguiendo con la descripción, vemos que el pequeño círculo de la izquierda contiene la frase: “Haya firmamento en medio de las aguas, que separe unas de otras”; mientras que en el círculo de la derecha aparecen claramente el sol y la luna, las dos luminarias que aquí están simbolizando los dos principios cósmicos, masculino y femenino, yang y yin, entre los cuales se desarrolla toda la manifestación.


En la parte inferior del círculo aparecen también varias escenas que son la expresión del plano superior en el mundo de las formas, y que apenas si necesitan comentario. Se trata de la creación de Adán y Eva, de los distintos reinos de la naturaleza, etc., todo ello perfectamente relatado en el Génesis.


Si lo observamos con atención, en realidad todo el Tapiz asemeja un inmenso mandala, cuyo centro es Cristo Pantocrátor (el Señor del Mundo), y a partir de él se genera toda la estructura cósmica, como una emanación de su Sabiduría y su Inteligencia. Cuando llega a los límites de sí misma esa emanación cristaliza en el mundo sensible y concreto, o sea en el plano cabalístico de Asiah, donde la Sabiduría y la Inteligencia son inmanentes, y están contenidas como semillas en el corazón del ser humano.


Y en ese mundo sensible, el ordenador de todo su fluir es el tiempo, que está claramente expresado en el Tapiz por los doce meses del año, que se corresponden con los doce signos del Zodíaco; también por las cuatro estaciones, las que se relacionan a su vez con los cuatro puntos cardinales, de donde parten los vientos que traen al mundo el mensaje de otros planos y otras realidades mucho más universales. Esos vientos son los cuatro ángeles que aparecen en las cuatro esquinas encuadrando a los dos círculos.


Precisamente, el tiempo, que en todas las culturas tradicionales siempre ha sido considerado como una deidad, está representado aquí por la figura que está en medio del marco exterior, la que recibe por nombre “annus”, año, pues efectivamente el año reproduce en su escala los ritmos y ciclos del tiempo, desde los más pequeños hasta los más grandes, lo que nos permite vivir periódicamente dentro de un orden, pero cuya estructura sutil hay que conocer en nosotros mismos para poder finalmente trascenderlo, al llamado de aquellos vientos que reclaman nuestro despertar.


NOTA

* Recordemos que en el Arbol de la Vida sefirótico las “aguas superiores” comprenden los dos planos más altos, el de Atsiluth y el de Beriah, mientras que las “aguas inferiores” comprenden los planos de Yetsirah y Asiah. (Retorno)


Francisco Ariza




 
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